Nicolai Levashov
Sobre el Espíritu, la Mente y mucho más…

La historia de Rusia jamás contada

1a parte

Rusia es un país excepcional, único en todos los aspectos. Fijémonos por ejemplo, en su nombre y… podremos descubrir una generosa fuente de información completamente desconocida para la mayoría de los habitantes en Rusia. El nombre del país – Rusia, procede de otra palabra – Rassea, que a su vez proviene del nombre Rassenia (Rassenia – era el territorio en el que se estableció la Gran Raza, es decir, Pueblos Blancos: inmigrantes voluntarios a la Tierra desde otros sistemas estelares del Cosmos. Posteriormente, la palabra Rassenia migró al latín, convirtiéndose en Ruthenia y comenzó a traducirse simplemente como Rus , es como se pronuncia la palabra Rusia en ruso). Rassenia: así se llamaba la parte del antiguo Imperio Ario-Eslavo (El Imperio Ario-Eslavo en tiempos antiguos ocupaba el territorio de todo el continente Eurasia actual), situada al oeste de los montes Ripeyos ó Ripeicas (Urales), mientras que las tierras extendidas del este de los Urales y hasta el océano Pacífico; luego, del Norte Ruso (Lukomorie) hasta India Central, se llamaban las Tierras de Raza Sagrada (se pronuncia en ruso como Sviata Rasa. Las Tierras de Raza Sagrada – país de los Ases (As – es un dios habitante en la Tierra), representantes de las civilizaciones altamente desarrolladas. Abreviatura R.A.S.A. se compone de la frase: “los Géneros de Ases del País de los Ases” , en pronunciación rusa: Rody Asov Strany Asov. Raza Sagrada son cuatro Grandes Linajes de los Ases:da´Arios, j´Arios, Rassenes, Sviatorusos que vivían en una sociedad genérico-comunal). Los extranjeros nombraban a este país de muchas formas; uno de los últimos nombres foráneos, conocido en Europa hasta finales del siglo XVIII, fue el de Gran Tartaria (Gran Tartaria o Asia Magna, es la Alianza Ancestral de personas blancas de la parte asiática del continente Eurasia. Los antepasados de la Humanidad llegaron a este planeta Tierra desde diferentes Sistemas Estelares: del sistema estelar de Raza Magna (hombres blancos), del sistema estelar del Gran Dragón (hombres amarillos), del sistema de la Serpiente de Fuego (hombres rojos) y los representantes de los sistemas estelares de la Erial Lúgubre (hombres negros)) – el país más grande del mundo, como lo describe la Enciclopedia Británica (Brittanica) en su primera edición del año 1771. Aquellos lectores que deseen comprobarlo personalmente, pueden hacerlo, ojeando dicha edición.

El principal segmento de los nativos de este Imperio fueron los eslavos; en su mayoría rusos. Al mismo tiempo, en su territorio habitaban otros múltiples pueblos, con los mismos derechos que el principal; parecido a lo que sucede en la Rusia contemporánea. Pero el nombre Tartaria no guarda relación alguna con supuestas tribus turcas: cuando los forasteros preguntaban a los habitantes de este país ¿qué de dónde procedían? la respuesta era: “Somos hijos de Tarkh y Tara” (La diosa Tara es la protectora de la Naturaleza. Tarkh, de otro modo, Dazhdbog, es el guardián de la Gran Sabiduría Ancestral). Tarkh y Tara son hermanos, según antiguas representaciones ario-eslavas – los protectores de las tierras rusas. Y estas creencias no surgieron del vacío; el caso es, que el ser humano “llegó” al planeta Tierra por medio de lo que se llama El Portal Estelar (complejos energéticos que utilizan sistemas de gravitación y de espacio-tiempo espinales de torsión para realizar traslados entre varios planetas y sistemas estelares), hace aproximadamente 40.000 años atrás. Entre los colonizadores también había un grupo relativamente pequeño de humanoides altamente evolucionados (seres muy cercanos al Homo Sapiens), agrupados en una casta específica, a los que todos los demás llamaron URes.

Los Ures (representantes del planeta Urai; ur – significa territorio agradable, habitado) poseían habilidades enormes, que se encontraban fuera de lo imaginable para la mayoría de las personas “normales”, que no pertenecían a esta casta, se convirtieron en los maestros e instructores para los demás; ellos protegían los poblados – reducidos al principio – de las personas “normales”, defendiéndoles de la naturaleza salvaje; así como de “carnívoros bípedos”. Los ures enseñaban y ayudaban a emplear tecnologías primarias, trasmitían los conocimientos necesarios para el momento presente; así como aquellos conocimientos que serían requeridos solamente al cabo de varios milenios. Ellos codificaron estos conocimientos y los entregaron para la posterior conservación a la casta especializada de los magos-guardianes (Mago–guardián, en ruso se pronuncia Volkhv, es clérigo, uno de los Supremos Sacerdotes, guardián de los antiguos textos sagrados), quienes en el momento indicado tendrían que trasmitirlos, protegiéndolos a lo largo de miles de años el máximo que se pudiera. Para dicho propósito, los magos-guardianes recibieron dos alfabetos rúnicos – carácteres da´Arias y j´Arias (Caracteres da´Arias y j´Arias son dos de los cuatro tipos de escritura de la Raza Magna: Tragas da´Arias, Runas j´Arias, Imágenes Sviatorusas (Bukvitsa, Rúniki, Cherty, Resy), y Molvitsa de los Rassenes) – cada uno de éstos fue empleado por los magos con distintos niveles de iniciación. Recuerdos sobre los ures-maestros perduran hasta hoy en el lenguaje: por ejemplo en la palabra cult-ura, que significa: sistema de presentaciones morales y espirituales trasmitidas por los Ures a sus protegidos – los rusos. La presencia de ambas castas en la sociedad arcaica de los eslavos se reflejaba en los nombres que les adjudicaban los pueblos vecinos. Así, muchos de los vecinos asiáticos llamaban a los habitantes del Imperio Ario-Eslavo urrusos, uniendo en una sola palabra las auto-denominaciones de ambas castas. En actualidad, incluso algunos pueblos asiáticos siguen llamando a los rusos como entonces – ur-rusos.

Durante una época, las denominaciones de los pueblos eslavos se formaban añadiendo a la raíz “rus” aquellos prefijos en los que se plasmaban singularidades de estos pueblos en comparación con los demás rusos. Por ejemplo: los etruscos, los prusianos. El prefijo -et- puesto delante de la auto-denominación de los rusos señala a los rusos ilustres – portadores de altísima cult´ura, cuyos testimonios se conservaron en el norte de Italia en las escrituras grabadas en piedra; así como en las obras de arte. El nombre de los eslavos-prusianos determina a los rusos de Perún (Perún es el dios (el jerarca) de todos los guerreros, protector de tierras y generaciones de los Sviato-rusos: Rúsichi (Rusos), Bielorusos, Estes, Litos, Latos, Latogallos, Semgallos, Polianos, Serbovis, etc), su otro nombre – Vénetos – los pueblos guerreros de los eslavos occidentales (Vénetos así llamaban a los habitantes de Gran Venéa, hacia donde migraron las generaciones y tribus de los Vénetos, y la que hoy en día corresponde al territorio de Europa Occidental) – se conservó como el nombre propio del territorio que ocuparon estos pueblos hasta el siglo XIX, incluso después de que las tribus germánicas (los godos) invadieron sus tierras en los siglos IX-X d.C., eliminando la mayor parte de eslavos-prusianos y asimilando sus restos en su entorno, apropiándose de su nombre. Posteriormente, del nombre de los prusianos se apropió una de las tribus germánicas que se asentó en estas tierras y luego, en el siglo XIX jugó un papel decisivo en la unión de todos los pueblos germánicos en una sola nación.

A lo largo del pasado multimilenario de los eslavos, sus diversos pueblos, unidos inicialmente por la misma cultura y el mismo lenguaje, se autodenominaban siguiendo diferentes motivos. Antes de la desaparición de los Ures, todos los pueblos eslavos tenían un segundo nombre – los urrusos. Despues de marcharse los ures, las funciones que éstos desempeñaban fueron distribuidas entre sus custodiados, los rusos. Eso llevó a la formación de diferentes castas: casta de los magos-guardianes, portadores del conocimiento y la tradición; casta de los guerreros profesionales, protectores de los enemigos externos; castas de los artesanos, agricultores, ganaderos. Por encima de todas estas castas permanecía la aristocracia patrimonial.

Durante algún tiempo, después de que los ures se fueron, los rusos añadían a su nombre genérico común algunos prefijos que identificaban su actividad principal (etruscos, prusianos). Las tribus nómadas de los eslavos-ganaderos se llamaban a sí mismo Scotes ( la palabra “ganadero” en ruso se pronuncia scot-o-vod, donde scot se traduce como “ganado”); los agricultores – Polianos (en ruso la palabra pole significa “campo”; poliana - “prado”); los habitantes de los bosques se llamaban Drevlianos ( palabra “árbol” en ruso se pronuncia derevo). Más tarde, se produjo un alejamiento de los géneros eslavos entre sí, cuando varias familias ó castas fueron obligadas a dejar su Patria y partir en búsqueda de nuevas tierras para vivir, escapando del hambre que llegó a las tierras siberianas como consecuencia del último período de enfriamiento. Las castas que se iban, tomaron por autodenominación los nombres de sus jerarcas – los príncipes. Los que se fueron con el príncipe Sarmat empezaron a llamarse los sármatas; los que se fueron con el príncipe Escyto se llamaban a ; mismos los escitas. Con el tiempo, alejados de la cultura étnica paternal, estos pueblos eslavos adquirieron en otras tierras nuevas peculiaridades culturales, en parte, debido a la inclusión de algunas costumbres pertenecientes a pueblos vecinos ó de aquellos a los que dominaban cuando llegaban a dichas tierras. Aún así, éstos no parecían de otras naciones, sino los eslavos de siempre. Y cuando por un motivo u otro regresaban a su Patria, de nuevo se convertían en simples rusos.

Precisamente por este motivo los “historiadores” no pueden explicar la completa desaparición de los sármatas y los escitas, entre otros. Estos no han desaparecido – simplemente – al reunirse nuevamente con las generaciones mayores adoptaban su nombre genérico, siguiendo a las leyes sociales existentes entonces, tal como si fueran las mangas del río de la nación eslava que abandonaron su “álveo” principal para más tarde reunirse con él nuevamente, trayendo consigo corriente fresca a las “aguas del álveo viejo”. Al mismo tiempo, varias de estas “mangas-castas” dejaron para siembre su “viejo caudal” y con el paso del tiempo, de estas “mangas” nacieron nuevas tribus eslavas, nuevas naciones con mayores o menores diferencias lingüísticas, de tradiciones y conocimientos: serbios, búlgaros, macedonios, croatas, checos, eslovacos, polacos, y muchos otros. Pero independientemente, todos estos pueblos hasta tiempos medievales recordaban y conocían su Imperio Ario-Eslavo Védico (El Imperio Védico: antiguamente eslavos y arios, poseían conocimientos fundamentales sobre mundos materiales y no-materiales. Estos conocimientos se conocían como leyendas sagradas Ario-Eslavas y se llamaban Las Vedas), que existió a lo largo de varias decenas de miles de años. Y esto, no son delirios de un ignorante que de repente decidió ocuparse de asuntos históricos.

Lo expuesto es avalado por una gran cantidad de evidencias – y no son meros “castillos en el aire” – sino pruebas suficientemente reales de carácter histórico, arqueológico y antropológico – ignoradas, ocultadas por “historiadores” con diplomas y títulos académicos. En 1999, en la parte sur de los montes Urales, cerca del pueblo Chandar, el profesor Chuvyrov encontró una tabla de piedra en la que aparecía grabado un mapa tridimensional de la región de Siberia Occidental, realizado por medio de tecnologías desconocidas para la ciencia contemporánea. Es imposible realizar algo similar en nuestros días. Aparte del relieve natural, en este mapa tridimensional – para cuya elaboración al menos fueron necesarios satélites artificiales – están reflejados dos sistemas de canales con longitud total de unos 12.000 Km. por 500 metros de ancho; además, 12 presas con 300-500 metros de ancho, hasta 10 Km. de longitud por 3 Km. de profundidad. Cerca de los canales se situaron las plazoletas en forma de rombos…

También, en esta tabla estaban grabados caracteres de escritura del tipo jeroglífico-silabario que, por alguna razón, se relacionaron con el chino antiguo, aunque posteriormente esta hipótesis no se confirmó en absoluto. La idea del primitivismo de pro-eslavos, metida en las cabezas de nosotros – los eslavos – hasta tal punto se asentó en los cerebros de los académicos rusos, que ellos ni siquiera valoraron la posibilidad de que las escrituras estén realizadas con signos ario-eslavos; que mediante éstos, se puedan leer todas las múltiples inscripciones de la tabla. Y para eso, no hace falta caminar a un reino muy lejano, sino simplemente compararlas con las escrituras de las Vedas Ario-Eslavas. Se estima que existieron 348 tablas similares a ésta, que en conjunto, representaban el mapa mundial. Probablemente, la mayor parte de las tablas se perdió para siempre, después de que en los principios del siglo XIX, los “revisores de la Historia” procuraron “ajustar” al “estándar” deseado, los territorios situados más allá de los montes Urales, nuevamente adquiridos por el Imperio de Romanov. Estos “revisores de historia” de los Romanov, prácticamente en su totalidad extranjeros, que en su mayoría ni siquiera hablaban ruso, amenazando de muerte barrieron con su “escoba diabólica” lo que existía, eliminando todo rastro histórico del Imperio Ario-Eslavo. Pero tarde o temprano, lo oculto siempre se hace irrefutable e incluso lo poco que quedó después de este “barrido”; aquello que pudieron guardar – en muchos casos arriesgando sus vidas – las personas rusas que no desearon observar con resignación cómo se destruía el glorioso pasado de su pueblo. Incluso estos restos son más que suficiente para restablecer con suficiente precisión el panorama del pasado de Rusia. Esos restos son más y más, que salen a la luz con cada día…

A finales del siglo XX, fueron descubiertas y puestas al alcance de quien quisiera leerlas, las Vedas Ario-Eslavas, que contienen mucha información interesante, a la que la ciencia contemporánea simplemente ignoró y con ello, se equivocó. Estos singulares manuscritos, traducidos al ruso contemporáneo, hablan: que hasta el último período de hielo – consecuencia de la guerra entre Gran Rassenia y Antlania ó Atlántida (Antlania fue una isla situada en el Océano Atlántico, donde migraron los Antes – uno de los linajes eslavos. Posteriormente, esta Tierra empezó llamarse como Ant-lan, que significa “Tierra de los Antes”. Griegos Antiguos la llamaban Atlántida; sus habitantes – atlantes (actuales ucranianos; Ucrania, pronunciada en ruso u-krái-na, donde “krai” significa borde; de otro modo: “situada en la frontera” de las Tierras de Raza Sagrada)) Antlania fue una isla situada en el Océano Atlántico, donde migraron los Antes – uno de los linajes eslavos. Posteriormente, esta Tierra empezó llamarse como Ant-lan, que significa “Tierra de los Antes”. Griegos Antiguos la llamaban Atlántida; sus habitantes – atlantes (actuales ucranianos; Ucrania, pronunciada en ruso u-krái-na, donde “krai” significa borde; de otro modo: “situada en la frontera” de las Tierras de Raza Sagrada) ocurrida más de 13.000 años atrás – los grandes traslados, a escala planetaria, la gente los realizaba por medio de Vaitmanas; mientras que en las Vaitmaras – capaces de llevar en sus entrañas hasta 144 Vaitmanas – viajaban a los planetas cercanos y muy lejanos. Así pues, misteriosas plazoletas en forma de rombos situadas en el mapa tridimensional de la Siberia Occidental, no son otra cosa, sino las pistas de aterrizaje para las Vaitmanas y Vaitmaras mencionadas. Las últimas Vaitmaras abandonaron nuestra Midgard-Tierra (Midgard es el nombre propio de nuestro planeta habitado, eso es, Tierra. Tierras se denominan aquellos planetas del Universo que tienen las condiciones necesarias para que la vida aparezca en estas de forma automática) hace aproximadamente 3.500 años atrás, cuando comenzó la Noche de Svarog (La Noche de Svarog es el nombre para períodos oscuros y severos en la tradición eslava; cuando nuestro sistema solar en su movimiento atravieza espacios de los Mundos Oscuros; de otra forma – Kali-Yuga en la tradición aria o hindú)…

El otro documento interesante es el Libro de Veles, en el que las últimas anotaciones fueron realizadas por los magos-guardianes de Novgorod, a finales del siglo X d.C. y el que abarca más de 20.000 años del pasado eslavo. En este libro, también se habla sobre el último enfriamiento ocurrido como consecuencia de la catástrofe provocada por la caída de los trozos de la Luna Menor – Fatta (Fatta, Lelya y Mesiats fueron tres pequeños planetas-satélites (Lunas) de la Tierra. El período de rotación de Fatta (en griego antiguo es Faetón) era de 13 días; Lelya, la más próxima a la Tierra y la más pequeña de las tres Lunas, tenía un periodo de rotación de 7 días), durante la guerra entre la metrópoli – Gran Rassenia – y su provincia que se rebeló contra el “custodio paterno”: Antlania (Atlántida). El súbito enfriamiento y el cambio climático en el territorio de toda la Siberia y el Este Lejano de Rusia, obligó a gran parte de los eslavos arcaicos a abandonar su metrópoli y establecerse en las tierras deshabitadas y habitadas del continente europeo, lo que condujo al debilitamiento de la metrópoli en sí. De esta circunstancia se aprovecharon sus vecinos meridionales, los arimios, habitantes de Arimia; así es como en aquellos tiempos antiguos rásiches (son representantes de todas las Familias de la Raza Sagrada) llamaban a la China Antigua.

Esta guerra fue desigual y muy severa. Sin embargo, concluyó con la victoria de Gran Rassenia sobre la China Antigua, es decir, sobre Arimia; ese acontecimiento ocurrió hace ya 7.511 (Este artículo fue escrito en 2003 -NT) años. La victoria fue tan significativa y sufrida, que El Día del Tratado de la Paz – celebrado el 22 de Septiembre, conforme al calendario cristiano – nuestros antepasados lo eligieron como un nuevo punto de partida para su cronología. Siguiendo esta cronología ario-eslava, estamos en el año 7.511 (a partir de la firma del Tratado Pacífico).

Así pues, la historia rusa acumula más de siete mil quinientos años de Nueva Era, que comenzó con la Victoria en la devastadora guerra con China Antigua. La insignia de esta Victoria se convirtió en un guerrero ruso, que atraviesa con su lanza a una serpiente – conocida hoy como George Pobedonosets (Pobedo-nosets – se traduce al español “el que lleva la Victoria”; conocido en la tradición católica como San Jorge). El significado de este símbolo jamás fue aclarado, al menos yo no encontré ninguna explicación de esta imagen en las páginas de la Historia “oficial”. Solamente después de leer las Vedas Ario-Eslavas, todo fue aclarado y puesto en su lugar. La China Antigua – además de Arimia – también se llamaba el País del Gran Dragón. Este nombre alegórico se asocia con China hasta el día de hoy; en el ruso arcaico, la palabra “dragón” se pronunciaba como smíi, lo que en ruso contemporáneo se transformó en sméi.

Probablemente, cada persona en Rusia recuerda los cuentos populares rusos, en los que Iván-Izarevich (El Príncipe Iván) para liberar a Basilisa la Hermosa vence sucesivamente al Sméi Gorynych de tres, luego de seis y al final de nueve cabezas. Cada cuento ruso finaliza con la siguiente frase: “El cuento es mentira, pero en él hay una indirecta – para los jóvenes honestos – lección”. Pues, ¿Qué lección han de aprender los jóvenes honestos de este cuento?... Aquí, el personaje de Basilisa la Hermosa representa a la Madre-Patria; Iván-Tsarevich es el prototipo resumido de los guerreros rusos, que liberan a su Patria del enemigo – Sméi Gorynych – Gran Dragón – los ejércitos de Arimia, es decir, de China. A través de este cuento se inmortalizó, de siglos en siglos, la Victoria sobre China, cuyo símbolo se transformó en un guerrero que atraviesa con su lanza al sméi-dragón. No tiene importancia cómo se denomina en actualidad a este símbolo porque su significado es el mismo de siempre: el Gran Triunfo del arma rusa (eslava) sobre el enemigo, ocurrido 7.511 años atrás.

Desafortunadamente, esta Victoria cayó en un “olvido” absoluto. Los expertos de las Ciencias Históricas en Rusia – entre los cuales prácticamente no se encuentran rusos por su origen – nos “informan” a nosotros, los eslavos, que hemos salido de nuestras madrigueras entre el límite del siglo décimo y el noveno, y que fuimos primitivos hasta tal punto, que no tuvimos ni siquiera una forma de gobierno propia, y que la “ilustre” Europa solamente nos auxilió y nos “instruyó” cómo debíamos vivir. Aprender algo bueno nunca está de más, pero ¿es esto lo que pasó en realidad? ¡Ésta es la pregunta!

Recordemos, que a mediados del siglo XI, conforme al calendario cristiano, la hija de Yaroslav I El Sabio, la princesa Anna, se convirtió en la reina de Francia. Procedente desde “salvaje” Rus de Kiev, a la princesa no le pareció que ella llegó a la Europa “ilustrada”, valorando a París como a un gran pueblo, lo que está confirmado por los testimonios documentados: sus cartas. Ella trajo consigo a la lejana provincia – que era la Francia de entonces – una parte de su biblioteca; algunos de estos libros regresaron a Rusia únicamente en el siglo XIX, apareciendo en la biblioteca de Sulakadsaev. Así, este hombre hizo la primera traducción del Libro de Veles al ruso contemporáneo. Este libro representaba en sí a unas tablas de madera, cubiertas de escritura rúnica; al morirse Sulakadsaev, su esposa vendió la mayor parte de su biblioteca a los Romanov y después de esto, nadie más supo acerca de esos libros.

Solamente la pequeña parte de la biblioteca llegó a manos de otros coleccionistas, y entre estos libros se encontraba el Libro de Veles, del que Mirolyubov hizo fotografías en 1942. En este libro, escrito por los magos-guardianes, se refleja la historia de una parte de las familias eslavo-rusas, que abandonaron su Patria en Semirechie (Semi-rechie, se traduce literalmente: tierras de siete ríos); así se llamaban siete ríos siberianos: Iríy (Irtysh), Ob, Enisei, Angora, Lena, Ishim y Tobol; otro nombre de estas tierras fue Bielovodie (se traduce literalmente en español como Aguas Blancas; también se llama como Tierras de Raza Sagrada. Iriy (actualmente, río Irtysh) – aguas limpias, blancas). El contenido de este libro se encuentra en total concordancia con las Vedas Ario-Eslavas y con los descubrimientos arqueológicos de las últimas décadas, lo que descarta por completo objeciones de genuinos historiadores. Aunque éstos, de algún modo tienen razón: la palabra historia se originó al unirse dos palabras “de Tora”, lo que significa: “hazañas ocurridas con el pueblo judío”.

Realmente, el Libro de Veles no guarda ninguna relación con la historia del pueblo judío, por una simple razón: el Libro de Veles revela el pasado del pueblo ruso. Pero yo, personalmente, no encuentro aquí ningún problema, pues este libro no pretende distorsionar la historia del pueblo judío, ni de cualquier otra nación; solo describe el pasado de los eslavos.

Deviene en una situación muy interesante: los judíos tienen derecho a tener su propio pasado, su historia; lo mismo pasa con otros pueblos, mientras que nosotros – los eslavos – no podemos hablar de nuestro pasado – menos aún – de un pasado glorioso. Incluso se declara, que las fotografías de 1942 (!) son falsas, mientras que la mayor parte de los documentos “históricos” reconocidos, no son más que copias realizadas de modo manuscrito o mecanográfico en tiempos medievales, pues son la base, en la que está construida toda la historia actual. Lo más curioso de este asunto, es que después de sacarse las copias, todos los originales desaparecieron sin excepción: algunos destruidos por el fuego en hogueras de inquisición – como libros de herejías – ó durante repentinos incendios y no tan repentinos; semejante a una epidemia, arrasaron a todas las bibliotecas antiguas. Prácticamente al mismo tiempo, fueron quemadas las bibliotecas de Alejandría y de etruscos en Roma, de Atenas, de Zargrado (Constantinopla); desaparecieron las bibliotecas de Yaroslav El Sabio y de Iván el Terrible. Los originales desaparecen y se queman. Al mismo tiempo las copias – sacadas de modo tan sumamente previsorio – se conservan con mucho cuidado, no se declaran como herejías y en base a éstas, se escribe la Historia de la civilización contemporánea. Sucede esto solamente en tiempos medievales, exactamente en los siglos XV-XVII en Europa; hay razones naturales para que fuese así.

La capital del Imperio Ario-Eslavo, la ciudad Asgard Iriyskiy (Asgard de Iriy, la ciudad de los templos) fue destruida por las hordas de los dzungaros (también conocidos por Júngaros ó Zúngaros, grupo de diversas tribus nómadas de pastores de etnia Oirat (Mongolia Occidental)) en el año 7.038 de la cronología eslava (1.530 d.C). Esa fue la ciudad de las enormes pirámides de piedra; la ciudad de los magos-guardianes; de los vedunes (Vedun, es la persona que maneja los textos sagrados de las Vedas Ario-Eslavas), la vastísima tesorería de los conocimientos, guardados en las cuevas subterráneas artificiales situadas por debajo de las pirámides. La ciudad no tenía muro-protector; aun así, durante mucho tiempo ningún enemigo fue capaz de acercarse a ella: la rodeaba una protección energética invisible, que no podía ser atravesada por ningún ejército enemigo, ni tampoco por personas que tuviesen pensamientos sucios ó malas intenciones.

Con los comienzos de la Noche de Svarog, el campo protector empezó a debilitarse gradualmente por motivos naturales y finalmente, los Magos Oscuros lograron neutralizar la protección energética, empleando un modo bastante indigno para conseguirlo. Esto ocurrió inmediatamente antes del asalto realizado por las hordas de los dzungaros, lo que no permitió a los Magos Supremos restaurar a tiempo el campo protector. Irrumpiendo en los esbeltos templos y en las grandiosas pirámides, las hordas eliminaron a la mayoría de los magos, quemaron ó destruyeron los depósitos con los manuscritos y libros antiguos de valor inestimable, que llegaron al Asgard Iriyskiy todavía desde DaAria. Por suerte, no todo fue destruido, incluso en aquellos depósitos porque lo más valioso siempre se conservó en los almacenes subterráneos especiales, escondido en subsuelos muy profundos en la tierra.

El término cueva (en ruso, pishera), inicialmente fue compuesto por dos palabras: Pisha (la comida) de Ra y significaba el alimento espiritual, lo que en la interpretación contemporánea corresponde a la biblioteca: depósito de los libros. El caso es, que dentro de las cavidades de origen natural o artificial se crea de forma natural un microclima con parámetros de temperatura, presión y humedad constantes, estableciéndose en estos lugares condiciones ideales para la conservación de los libros y manuscritos que en general, están realizados en finísimos cueros, grabados en las tablas de madera, etc. Pues, espero que próximamente estos libros saldrán a la luz de sus depósitos subterráneos, aclarando muchos misterios del pasado. Pero…, mientras esto no suceda, seguiremos nuestra búsqueda de fragmentos de la verdad, entre los que ya tenemos en nuestras manos…

Después de ser eliminada la ciudad de los templos, eso es, Asgard Iriyskiy, a manos de hordas de los dzhungaros, con la “pequeña” colaboración de los Magos Oscuros, el psi-campo común del Imperio mantenido por los Magos Supremos con ayuda de las pirámides, se debilitó considerablemente. Este debilitamiento fue más pronunciado en provincias periféricas del Imperio, en primer lugar, en las provincias europeas. En consecuencia, los dirigentes de estas provincias – los que aunque llevaban títulos de reyes y duques – en realidad, fueron simples gobernantes locales, organizaron revueltas y se proclamaron a sí mismos como Soberanos, es decir, independientes de la potestad imperial. El Imperio ya había perdido su grandeza de los tiempos anteriores, que duró apenas cuatro siglos atrás, cuando en las provincias fronterizas ocurrió el primer intento para separarse de la metrópoli. Únicamente al destruir Asgard Iriyskiy, en el segundo intento fue posible y entonces, en las ex-provincias comenzaron a eliminarse todas las evidencias que confirmaban la relación entre dichas provincias con su metrópoli materna. Se destruían los libros antiguos, se escribían nuevos; corregidos de tal manera, para que en la nueva “historia” no se hiciera mención alguna al Imperio Ario-Eslavo.

Dicho período hasta el siglo X, en Europa fue declarado como tiempos oscuros, bárbaros, en los que la luz trajo consigo la ilustre cultura del Sacro Imperio Romano. Sin embargo, la mayor parte del Imperio Ario-Eslavo, que – a pesar de ser dividido en varios grandes fragmentos, al separarse de él las provincias en el oeste europeo – aún así conservó las principales tradiciones étnicas de sus antepasados. En otro fragmento del Imperio, Rus de Moscú, cuya frontera oriental bordeaba el río Volga (RA es el nombre eslavo original para este río), se manipularon hábilmente a los grupos pro-occidentales pertenecientes a la aristocracia de esta provincia, se provocaron los Tiempos Turbios en este lugar del Imperio eliminando físicamente a la vieja dinastía de los Rúrikovich, con lo que liberaron el trono de Moscú para los Romanov, quienes desde sus orígenes defendieron una postura pro-occidental.

Conforme la tradición ancestral establecida entonces, los Romanov no tenían derecho al trono de Moscú. Ellos ocuparon ese trono gracias a la colaboración de los políticos de Europa Occidental a cambio de algunos “pequeños” favores. ¿Qué “pequeños favores” son éstos? Pues, adentrémonos por un instante en el pasado.

En primer lugar, los Romanov que todavía aspiraban al trono, ansiosos de poder, a conciencia remataron con su “escoba diabólica” aquella nobleza, que de forma tan “inoportuna” – a causa de su mejor procedencia ó por su fidelidad a las tradiciones de su pueblo – les obstruía el camino hacia el trono de Moscú. Haciendo trabajo el sucio con manos ajenas, los Romanov acusaron a Iván IV y a los Oprichniki (personas al servicio del ejército personal, reunido por Iván IV) de todos los pecados aunque ellos no tenían relación alguna con estos asuntos. Pero ¿quién podría refutar, si tú eres el Rey y el Dios al mismo tiempo? Todos aquellos que intentaron hacerlo, dejaron sus cabezas en las manos de su verdugo.

Ya en tiempos de los primeros Romanov comienzan suceder cosas muy curiosas.

El patriarca Nikón lleva a cabo la reforma religiosa en los años 7161 – 7164, conforme al calendario eslavo (años 1653 – 1656 d.C.). Acto seguido, a Nikón le “quitan” rápidamente de la arena histórica, obligándolo a desertar de su patriarcado en el siguiente Concilio Ecuménico. Como dice un refrán: “cuando el moro cumple su cometido; ese moro puede marcharse”. Pero ¿qué cometido cumplió uno de los “moros” – el patriarca Nikón – que al cumplirse éste, le “ayudaron a marcharse”? Resulta, que antes de la reforma de Nikón, la religión cristiana era ortodoxa, y aunque el cristianismo se convirtió en la religión oficial del Estado, la inmensa mayoría del pueblo ruso la aceptaba más como una realidad inevitable, en lugar de sentirla como una necesidad espiritual, porque esta religión debido a su naturaleza es contrapuesta al mismo espíritu ruso.

En aquellos tiempos, la gente vivió siguiendo las normas de Pravoslavie que era y sigue siendo el sistema de representaciones y leyes de la vida del vedismo eslavo, basado en la sabiduría acumulada a lo largo de muchos milenios. Precisamente debido a estas normas, los eslavos, descendientes del Género Celestial y nietos de Dazhdbog (los representantes de las civilizaciones desarrolladas; en los tiempos ancestrales las personas y los dioses celestiales fraternizaron entre ellos, se ayudaron unos a otros; los dioses celestiales dejaron a las personas sus sabias prescripciones. Dazhdbog dio a los representantes de la Raza Magna nueve libros que contienen las Vedas Sagradas), no encajaban en dogmas cristianos, que convierten a todas las personas en esclavos (siervos) de Dios, a quienes desde su nacimiento les está prescrito aceptar sin resignación cualquier desgracia y sufrimiento, como prueba divina, para expiación de sus pecados. ¡Y no importa, si ningún niño recién nacido no tuvo ocasión para pecar, por mucho que “quisiera” hacerlo! Y para lograr corromper al espíritu ruso fue realizada esta reforma-sabotaje que, por desgracia no fue la última… La religión cristiana empezó llamarse pravosvanoye (pronunciada en ruso: “Pravoslavnaya Vera”, corresponde a lo que se conoce en todo el mundo como la “religión ortodoxa”, inicialmente significaba El sistema Védico Eslava, basado en los conocimientos y la comprensión de las verdaderas leyes de la Naturaleza y el Universo), para acariciar los oídos de los eslavos; la iglesia cristiana adoptó gran cantidad de antiguos ritos pertenecientes al Pravoslavie, pero conservando el mismísimo carácter esclavo de esta religión.

La religión cristiana fue inventada para justificar la esclavitud, como instrumento que permite tener bajo el dominio de una minoría esclavizadora a la mayoría de esclavos; en los países e imperios donde se practicaba la esclavitud.

Prácticamente al mismo tiempo, en el año 7.190, según el calendario eslavo (año 1.682 d.C.), durante el mandato del zar Fiodor Alekseevich Romanov en Rusia quedó eliminado el Méstnichestvo (sistema feudal jerárquico en Rusia por su orden de procedencia. La palabra deriva del ruso; mesto: lugar). Además, ardieron en hogueras todos los libros relacionados con esta orden, entre otros, los célebres Libros de los Rangos, que contenían la historia de nombramientos estatales; abarcabando dos siglos anteriores. También fueron destruidos los libros genealógicos que analizaban la procedencia de los célebres apellidos del Imperio. En su lugar se escribió un nuevo libro genealógico: el Libro del Terciopelo, que contenía la información “adecuada”. Sólo queda la pregunta: ¿adecuada para quién y para qué?

Ya en los tiempos de Peter Alekseevich Romanov, más conocido como Pedro I (El Grande), se causó otro daño de gran relevancia: poniendo fin al patriarcado y subordinando a la iglesia cristiana el Estado, es decir, situándola en la cabeza del Imperio. En el año 7.208 según la cronología eslava, Pedro I había impuesto en las tierras de Rusia moscovita el calendario cristiano. Así, por mero deseo de Pedro I, con un movimiento de pluma, hablando literalmente, el año 7.208 desde la firma del Tratado Pacífico, se transformó en el año 1.700 del nacimiento de Cristo. De este modo, a manos de Pedro El Grandde, al pueblo ruso le fueron robados 5.508 años de su pasado, después de que el Imperio Ario-Eslavo y la China Antigua firmaron el Tratado de la Paz; así como también los múltiples milenios, ocurridos antes de este acontecimiento. Y eso fue solamente el principio…

Nikolai Levashov, 20 de marzo de 2003

Traducido del ruso por Anastasia Sorokina


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